Historia del Sapo Chus

Me llaman Chus por culpa de un estornudo.
Los antiguos sabios me pusieron otros nombres que no cabrían en una sola página, pero estos se quedaron perdidos en el tiempo.

Dicen que soy un sapo. Yo sé que soy una rana… y muchísimo más. Coleccionista de historias, guardián de secretos, maestro de siestas filosóficas y cazador gourmet de moscas escogidas.

Nací en un rincón escondido del mundo, en un lago donde las estrellas tocaban el agua y los suspiros de los árboles susurraban canciones olvidadas. Desde entonces he recorrido caminos de barro y nubes, aprendiendo a esperar cuando el viento dice “espera” y a saltar cuando la intuición grita “salta”.

No busco respuestas, sino mejores preguntas. A veces entreno en mi propio Dōjō, donde la calma pesa más que cualquier salto, y escribo en mi Manual para días con charcos, porque incluso un charco puede guardar un universo entero.

Un día encontré a Luz y a Truman, o quizá ellos me encontraron a mí; no lo tengo claro. Desde entonces caminamos juntos buscando instantes entrañables, señales escondidas en los pliegues del tiempo y, si se puede, una cafetería con buenas vistas y carta de insectos decente.

Si alguna vez ves un pequeño anfibio sonriendo bajo una hoja, quieto como un secreto, puede que sea yo observándote. Y recordándote que la vida, cuando se mira despacio y con el estómago contento, brilla de formas inesperadas.

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